jueves, 11 de noviembre de 2010

UNA CASA NO SON UNOS MUROS,


ni una piedra firme, ni un rayo de sol
a través del cristal
en el mediodía de enero.
Una casa no son unos muros.
Los muros, y el techo que cobija,
y la viga de madera, y el sol de invierno.
Una casa no son unos muros,
ni un asiento en el registro de la propiedad,
ni una firma en el banco,
ni una batalla ganada en cualquier juzgado.
Una casa no son unos muros.
Los muros caerán,
y la viga, y los techos, y la piedra.
Una casa no son uno muros.
Los muros que te esperan.
Los muros que construimos
con el silencio y la palabra.
Con el tiempo lento de los atardeceres.
Con la luz de enero en el cristal
y el viento de noviembre que nos cerca
y nos llama con el nombre de los hielos.
Una casa no son unos muros,
ni un techo de madera, ni la piedra aún firme.
Mi casa no son estos muros.
Pero en estos muros, que son mi casa,
escribiremos cada día nuestros nombres.

Julia María Conde del Castillo

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