miércoles, 20 de enero de 2010

OS HABÉIS VUELTO TÓS MÚ DELICAOS. HOY: EL ORINAL


En tiempos en los que hay enchufe de ambientador en casi todas las habitaciones (hablo por mi mujer, que es maniática de los olores) se os olvida que por las noches, para no bajar al cuarto de baño a menos cero grados (y esa loza blanca en la que apoyabas el culo a menos siete, por lo menos) usábamos una escupidera u orinal. Y se quedaba bajo la cama, fermentando. En ocasiones se veía incluso el vapor. Y por la mañana todo era portado hasta el váter, en el que la compinación urética de todos aquellos diferentes humores, causaba una reacción química sin precedentes. Un orinal bajo las literas de las niñas podía llegar a rebosar litro y medio de orina. Había que asegurarse siempre de ir, porque en ocasiones, palpando a tientas bajo la cama metías la mano en el orinal, y te olía el dedo a meados toda la noche.

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