
Al terminar de hacer popó había que agarrar un cubo que había al lado del váter y vaciarlo adentro. Siempre había al menos dos cubos preparados. Como los niños los dejábamos vacíos y no los reponíamos, se dejaban otros dos cubos de repuesto en la bañera. Como refuerzo se añadió un jarro de plástico amarillo grande, que permitía distribuir la cantidad para limpiar mejor lo de los que pintan con pistola. Lo peor que podía ocurrir era que se cortase el agua y necesitases salir al caz a rellenar los cubos, o pedirlo a álguien. Es como en las pelis del oeste. Luego, el tío Jesús hizo su cortijo y todos decíamos al asomarnos al baño: ¡Ooohh, con cisternaaa!, como si estuviéramos viendo un GPS. Esto me recuerda un capítulo de los Simpson en el que van a japón, y Homer, al tirar de la cisterna y ver un líquido de colores con música, exclama: ¡Nos llevan años de adelanto!
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