Feliz aquél que, lejos de ocupaciones,
como la primitiva raza de los mortales,
labra los campos heredados de su padre
con sus propios bueyes,
libre de toda usura,
y no se despierta, como el soldado,
al oír la sanguinaria trompeta de guerra,
ni se asusta ante las iras del mar,
manteniéndose lejos del foro
y de los umbrales soberbios de los ciudadanos poderosos.
Así pues, ora enlaza los altos álamos
con el crecido sarmiento de las vides,
ora contempla en un valle apartado
sus rebaños errantes de mugientes vacas.
Agrádale tumbarse unas veces bajo añosa encina,
otras sobre el tupido césped;
corren entretanto las aguas por los arroyos profundos,
los pájaros dejan oír sus quejas en los bosques
y murmuran las fuentes con el ruido de sus linfas al manar,
invitando con ello al blando sueño.
¿Quién, entre tales deleites, no se olvida
de las cuitas desdichadas que el amor conlleva?
1 comentario:
Yo prefiero vivir en el cortijo ANTE CUALQUIER OTRA COSA, porque estando en el cortijo con un buen botijo, una pecha de bollos de chocolate para merendar, papas y huevos... ¡¡¡¡YO VIVO ESTUPENDAMENTE!!!
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